Juan Manuel Morales Guerrero, más conocido en el gremio camionero como “El Pato”,  está acostumbrado a atravesar desiertos en un camión cargado con abarrotes. El sonido de la carretera se mezcla con algunas canciones románticas o con corridos, dependiendo del estado de ánimo que lo acompañe en su trayecto.  

 

Está acostumbrado a ir al norte, y manejar 14 o 18 horas hasta Chihuahua, Torreón, Monterrey o Laredo. Pero en los 20 años de oficio que lleva, y que han marcado a fuego toda su vida, ha surcado México en todas las direcciones, llegando a las ciudades fronterizas, pero aún sin cruzarlas, algo que está preparando para el futuro inmediato. 

 

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Por ahora, prefiere quedarse en las carreteras mexicanas, las que le abrieron el camino para disfrutar de una de las cosas que más le gustan de su oficio: conocer su país. 

 

“La mayoría del tiempo lo paso en la carretera. Puedo estar 15 días viajando, por cada dos de descanso. Y a veces es un poquito más”, cuenta sobre cómo su vida cotidiana se ha acomodado a los ritmos del motor de su camión

 

Y ahí, en medio de solitarios caminos, es donde aparecen las nostalgias por su familia. Aunque dice que ya está acostumbrado, hay momentos que se ha perdido por trabajar abasteciendo a México, sobre todo los relacionados con su familia, conformada por su esposa y sus tres hijos de 19, 17 y 14 años. 

 

“Hubo ocasiones en las que pedían que los padres se presentaran en la escuela, como cuando los niños terminaron el kinder y es difícil perderse esos momentos porque el trabajo no lo permite”, relata. 

 

Desde hace unos años, internet ha logrado acortar un poco las distancias que lo separan de sus seres queridos: “Puedo hacer una videollamada con mi familia en cualquier lugar y con eso me alegra el día y se hace más ameno un camino largo”. 

 

Esos contactos, aunque fugaces, son una compañía invaluable para “El Pato”, a la hora de encarar la carretera, y las sorpresas que pueden aparecer en ella.

 

“Es un trabajo que tiene sus peligros. A veces las carreteras son peligrosas. Las inclemencias del tiempo complican el trayecto, o incluso podemos ser asaltados”, relata con aplomo. En el eco de su descripción se presiente cierto temor, no por él mismo, sino por dos de sus hijos que ya decidieron seguir el camino familiar. 

 

Son las preocupaciones que le surgen cuando en sus hijos se escucha a él mismo diciéndole a sus tíos y primos, 20 años atrás, que quería hacer lo mismo que ellos. Y es cuando le viene el recuerdo del accidente que sufrió, hace 13 años, cuando chocó su camión, abriéndose la cabeza y quebrándose dos costillas. 

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“Pero no fue tan grave”, responde rápidamente después de señalar que estuvo tres días en el hospital. “El carro se llevó la peor parte”, bromea después, mientras se le dibuja una sonrisa por las aventuras que ha vivido arriba de su camión -las buenas, las malas, y las que no hubiera tenido en ningún otro lugar que la carretera-. 

 

Fue ahí arriba donde Juan Manuel, a fin de cuentas, forjó su modo de ser, su personalidad, y hasta el modo de trabajar que lo llevó a conseguir su empleo actual como operador de Imperium Logistics. “Simplemente cumplo, con el reglamento, con los horarios, y esa es mi forma de trabajar”. 

 

Al “Pato” lo mueve el amor, tanto por su familia como por lo que hace: “Lo que más me gusta es manejar los tráiler. Eso, y conocer, recorrer México”, termina.